jueves, 16 de octubre de 2014

genova

si llueve en genova
saldremos a que el agua
   el agua-radiación
   el agua-cadáver
nos limpie la piel
y nos raspe
despacio
los huesos

si llueve en genova
morderemos la pulpa ácida
de la fruta que no supimos recoger
chuparemos
despacio
la sangre

si llueve en genova
nos dormiremos con los ojos abiertos
haremos del desastre una exhibición
y lo haremos
despacio

no necesitamos llegar a ninguna parte
ya estamos en alguna parte

a veces pienso el número de personas bajo
el nos
la posibilidad
de violar el poema

si llueve en genova
beberemos granizo de colores
que nos congele
la garganta

domingo, 12 de octubre de 2014

ver

Escribo poco porque cada vez escucho más y en este proceso de recibir se me hace terrible condenar algo a las palabras. Estoy descubriendo una parte de mí animal e intuitiva que me había dejado olvidada en alguna parte, en alguna esquina. Así que miro, oigo, palpo a oscuras, huelo y mastico, muerdo en silencio la vida, vuelvo a la vida.

Cuando me despierto por las mañanas y la luz es casi naranja, un haz inmenso en el ventanal para el que no puedo hacer o comprar cortinas. O cuando abro los yogures de vainilla que son verdaderamente de vainilla, con el polvo flotando sobre el blanco. O cuando cojo la bici y el olor industrial de los tranvías me golpea la cara. Leipzig huele al este de Berlín, huele un poco a Friedrichshain si se hace de noche.

Ya no me cuesta tanto entender las palabras. A veces, al leer un anuncio o un texto en la calle, lo asimilo simplemente, sin preguntarme si está en alemán o en inglés. Pero. Y este es el gran pero. Pero las cosas se vuelven más difíciles cuando me encuentro un texto del que desconozco el vocabulario, el contexto, la estructura sustentante que arma las palabras. Todo el tiempo así con el periódico. Leo los artículos de cultura y política como un rayo, pero no entiendo nada en economía y salud. No pasa nada. O sí. Pasa que me hace feliz aprender cada día.

No sé si viajo, pero estoy segura de que no soy una turista. Estoy segura de que a veces viajo, al menos por dentro.  Me siguen abrumando los grupos enormes de gente y la esquina de meditar, esa imagen tan torturada por el hype, no es una esquina sino un parque enorme.

La vida se siente así.

Dentro de una semana estaré en un bus de vuelta y jamás me ha gustado volver. Italia me habrá besado los párpados antes de dormir, aunque no me dormiré, aunque me quedaré siempre despierta. Habré visto las fuentes y habré follado en un ático precioso de Genova. Es muy raro tener ganas de follar otra vez, después de los meses tan complejos. Es muy raro sentirse tan deseosa de vivir. Hoy me he despertado con hambre, hambre de la que te nace en el fondo del vientre, hambre de consumir y crear. Las cosas me importan. Cada vez me tocan, me atraviesan más. Y me entran ganas de follar, de gritar de rabia, de haceros una bufanda a todos, de vestirme de hombre, de leer a Bataille en la plaza del ayuntamiento con mi ridícula fonética alemana.

Hace un año no me había imaginado que las cosas estarían así, que tantas personas me sostendrían, que me sentiría tan libre. La única rebeldía posible vuelve a ser tener ganas, sumar siempre, hacer siempre. Estoy tan feliz y orgullosa de mi cuerpo cuando responde, cuando se dobla, cuando corro los parques del sur y llego a los puentes sudorosa, cuando me corto el pelo muy cortito. Mi cuerpo responde. Mi cuerpo es una máquina perfecta y equilibrada sobre la que nadie va a venir a exhibir su moral.

Ha sido empezar a pensar en mí misma de una maldita vez y entrarme las ganas salvajes de tenderme a lxs demás. Ahora escribo muchos correos aunque mis amigxs no estén cerca, pregunto a la gente cómo está cuando siento que quiero hacerlo, no me quedo esperando. Cuanto más me vuelvo hacia mí, más capaz me siento de ir al centro de animales o pasarme a colaborar con una de las asociaciones que hay aquí. No me siento obligada a cuidar o sujetar, no me siento la madre de nadie, no me siento, en definitiva, necesitada de pagar con afecto y preocupación para sentirme valorada o capaz. El afecto se me sale, se me multiplica y más que (pre)ocuparme, me ocupo, me lleno de actividades y me vuelco a las cosas que me parecen importantes.

Hay una palabra en alemán para decir conexión, vínculo o relación que me encanta. Verbindung. Hurgando en las raíces y la estructura de la palabra, me engancho a un verbo, el verbo binden. Lo he visto traducido de mil maneras distintas, con mil connotaciones distintas. Binden sirve para atar, retener, trabar o incluso establecer un contrato. Pero también es unir, combinar o vincular. No quiero que se me olvide nunca.

miércoles, 8 de octubre de 2014

la vida

la primera vez que cogí un tren sola
tuve miedo
billete sencillo coruña-santiago de compostela
el 14 de septiembre de 2011
perdí dinero al no saber utilizar
los descuentos
de estudiante

desde entonces
duermo sola en aeropuertos
no me quito nunca
las botas de clavos
no me quito nunca
las botas
como una lágrima delicadísima
en la curva 
de tu pecho

no tengo grandes tragedias de las que hablar
porque la vida es ahora
ha sido siempre
un fluido inexacto
en las muñecas
y a veces
preciso
las dimensiones del desastre

aquí la vida son cafés enormes
carreras en el parque 
cuando llueve muy fuerte
supermercados a punto de cerrar
hombres sumisos
con los ojos
como mundos
aquí la vida son moratones en las piernas
al caerme de la bici
buses nocturnos a polonia
direcciones en google maps
noches de aeropuerto
aquí la vida son palabras difíciles
acentos japoneses
música folk
bolitas de falafel con zanahoria
aquí la vida se parece al gel de vainilla
se parece a mi infancia
se parece a la persona que siempre
he querido
ser

día 30

me extiendo
sobre el eje mismo de las corazas
que ya no necesito
para seguir viva

martes, 7 de octubre de 2014

joyeux anniversaire

lo que más me molesta de estos años
es no haber aprendido a escribir
bien
quiero decir
a poner las comas en su sitio
y llegar a alguna parte con las palabras

me siento en la curva del río
y pienso
ideas vagas

pienso
por ejemplo
en repartir invitaciones
para vivir la precisión del escalpelo
junto al pezón
para vivir
me explico
el peso de las cicatrices
las mañanas blancas de enero
al fin
sin piel

suelo decir que estoy bien
suelo ser experta
en acumular días
solía saber cómo utilizar
las palabras

desde hace un año
las cosas
no acaban de encajar

hay personas fantásticas
una historia fantástica
una trayectoria fantástica
pero falta
quizá falta
quizá sea posible
no niego eso
y la coherencia que ya no imprimo
a mis actos

aprendo otras lenguas
para desaprenderme a mí
para des-mecanizarme
des-intoxicarme
de las palabras que me conforman

pero las cosas
aún así
no han vuelto a ser las mismas

el sentimentalismo como la última imagen
de la adolescencia
la vulnerabilidad aprendida
todo lo que quise decir
en la playa del orzán
la última noche de septiembre

nunca había definido así el espacio de las costillas
está bien así
¿está? ¿bien? ¿así?

reviso en silencio
lo que escribí hace meses
hace años
quizá
y descubro la intuición del dolor
más precisa
que el dolor en sí

agradezco el dolor intuido
levanto los brazos

lo saludo
en silencio

porque cuando supe dimensionar el dolor
cuando abrí los ojos
bajo la lluvia finísima de porto
y grité
[es posible
que gritar
sea excesivo]

el dolor que intuí
los poemas abandonados en españa
todas las noches durmiendo en el hueco de tu hombro
y el miedo que me enseñaste
a tener
el miedo a las cosas grandes
a las cosas pequeñas
el miedo como un espacio infinito
ramificándose
dentro de los pulmones
una red de capilares
a la inversa

la hipoxia

el miedo que aprendí a tener
como se aprende a ser una señorita
a follar pidiendo permiso
a no ser muy ruidosa
a depilarse antes de que llegue el verano
a bromear sobre las lesbianas
a cometer locuras adolescentes
para morirse de aburrimiento
después

si hubiera aprendido
a decidir
¿quién sería ahora?
¿donde viviría?
¿tendría otras palabras en la boca?

sin embargo
he llegado a alguna parte
y ha sido solo la tensión
la oposición tenaz
al miedo
la que me ha traído aquí

y desde este punto
puedo ir a cualquier parte

¿quién sería ahora
sin el dolor intuido
sin la confirmación
sin la negación
violentísima
del miedo?

las palabras de los demás
no funcionan
igual que las mías
hay un espacio distinto entre las paredes
que no puedo tocar
intento alcanzarlo con las palabras de los demás
pero no funcionan
igual que las mías

eso ya lo he dicho

he dicho ya tantas cosas
he vivido ya tantas vidas
he descubierto tantas posibilidades

pero no he sabido callarme
no he querido callarme
nunca

jueves, 2 de octubre de 2014

me parece necesario entusiasmarse con la vida.

tengo una bici nueva
me he duchado escuchando Die Ärzte
no hace frío y es octubre
he comido tarta de cereza
hemos hablado de la muerte
los ojos de E. sonreían

es fácil entusiasmarse con la vida

miércoles, 1 de octubre de 2014

de noche

Tuve un acosador a los diecisiete años. Fue un verano largo, casi dos meses y medio. Fue una palabra. Nunca pasó nada grave, pero pasó algo extremadamente grave, algo extremadamente llamativo. Es decir. Pasó. Pasó que un tío me acosó durante casi tres meses cuando yo tenía diecisiete años.

Cada vez que llego a una ciudad nueva, me siento intimidada y tranquila al mismo tiempo. Huelo las calles, toco las hojas y veo las bicicletas cruzarse. Es difícil, o no, acostumbrarse a los espacios y las horas. Aquí anochece a las siete y las mañanas empiezan muy rápido, sin avisar. La gente come temprano y no te mira si llevas el pelo azul.

En mi barrio hay mucha población inmigrante, o eso me dicen a veces cuando comento dónde vivo. Yo también soy inmigrante, aunque tenga la piel muy blanca y hable un alemán aceptable. Pero no basta con eso, supongo. En mi barrio hay gente de fuera y gente de dentro. Es un barrio seguro. Cuando se hace de noche pasan pocos coches y hay farolas brillantes que no te dejan perderte. Hay edificios, pintadas, contenedores, escuelas y personas. Mi barrio es un barrio normal.

Mi cuerpo es un cuerpo normal, normativo o no. Un cuerpo que no me apetece cambiar ni esconder. Y últimamente me siento muy segura cuando camino por mi barrio de noche. Piso fuerte con las botas y pienso que el miedo no puede quitarme lo que yo no esté dispuesta a entregar. Mi cuerpo ocupa un espacio y significa, se dimensiona, camina y tampoco tiene miedo. Aquí la gente no te mira mucho, pero te dice la hora y grita Fahrrad! cuando está oscuro y es posible que no veas la bicicleta.

Hay algo lento y extraño en no tener miedo. Hay algo de rebeldía en no tener miedo.